Progresión en ensamble
Jueves, 18 de enero de 2007, 12:06
Categoria: Montaña

Cuando los miembros que integran una cordada progresan todos ellos a la vez y conectados de alguna manera a las cuerdas, se dice que lo hacen en ensamble. ¿Una técnica de encordamiento conscientemente adoptada?, ¿una forma pasiva de "estar" que las vicisitudes de la actividad han propiciado?

La palabra "ensamble" viene del francés "ensemble", que significa "juntos". Es por ello que, a pesar de lo extendido de su uso, hay autores como Máximo Murcia que prefieren denominarla "progresión simultánea", acepción más propia de nuestra lengua. En alpinismo, más allá de la consideración de cuál es el momento idóneo para utilizar esta técnica o aquélla, se detecta una cierta tendencia a la comodidad en situaciones concretas: rapelar cuando se puede bajar a pie; comenzar una vía encordados y sin poner anclajes; en plena escalada, da pereza tanto montar reuniones en un terreno fácil, como quitarse la cuerda cuando ésta sólo estorba.

Los escaladores muy expertos rara vez se aseguran en pendientes nevadas (a veces en vías completas). Pero no creas que dejar de asegurarte, sin más, es el camino para convertirte en experto. Incluso en pendientes de inclinación moderada-alta confían en su experiencia y posibilidades de auto-detención. El nivel de concentración en estas situaciones suele ser más elevado que cuando tu seguridad depende de terceros. Pero también puede darse el caso de alguien con conocimientos y/o forma física limitados, que pudiera necesitar de la protección "vía cuerda" del compañero más experimentado. En un medio como el propio del alpinismo, moverse con rapidez es una garantía de seguridad: sobre un terreno tan variado y cambiante, uno no puede pararse a cada momento a meter un anclaje, y progresar siempre de uno en uno. En grandes paredes, la lentitud nos hará muy, pero que muy vulnerables a los aludes del atardecer o imprevistos meteorológigos. Hasta aquí, argumentos que inclinan al uso de la progresión simultánea frente al sistema "en cordada"; ¿pero cómo hacerlo correctamente?

Una cuerda, por sí sola, te arrastrará

Está más que comprobado: la sola presencia de una cuerda empleada para unir dos masas o cuerpos, contribuirá únicamente a trasladar la carga de uno a otro. Si esto lo llevamos a un plano inclinado y deslizante, dicha transferencia de peso junto con la fuerza de gravedad producirán ese desenlace tan inesperado como irremediable. Dicho así parece que es una regla de la Física que afecta al piano del vecino, pero si cambiamos "masa" por "alpinista" resulta que ha sido la causa de muchos accidentes ocurridos en montaña durante décadas, achacables tan sólo a la fatalidad y el destino, es decir, algo así como que no podían evitarse. Por otra parte, en estos casos el recurso de la auto-detención sólo hubiera sido eficaz si todos los miembros de la cordada hubieran logrado hacerlo al mismo tiempo. Y, como demostró Pit Schubert (Responsable de Seguridad en la UIAA) haciendo numerosos ensayos, nunca se produjo una frenada sincronizada en una ladera de cierta inclinación. "Probablemente", dice Pit, "esto sólo sea posible de forma fortuita".

Consideraremos para la ocasión cuatro configuraciones-tipo: pendientes abiertas, corredores, aristas y glaciares. En común tienen que siempre será imprescindible combinar adecuadamente cuerda y seguros (anclajes en el terreno), para que aquella nos sirva de algo positivo al utilizarla en "ensamble".

Seguros potenciales, rápidos e intermedios

Según el momento en que las circunstancias aconsejan su presencia, serán de tres tipos:

A) Potenciales: no estaban antes de que la caída tenga lugar, es decir, se hacen al mismo tiempo. Obviamente, son los de más complicada factura por su inmediata solicitud, y por ende, los que requieren más práctica previa al depender en gran medida de los reflejos de quien va a asegurar, como el piolet –cadera. Muy válidos para pendientes abiertas por su posibilidad de progresar en diagonal, aristas de nieve y glaciares.

B) Rápidos: también son "sobre la marcha", pero se colocan premeditadamente a título preventivo antes de cualquier posible caída al superar, por ejemplo, un resalte vertical en mitad de una arista sencilla. En nieve que no sea dura, el propio piolet–cadera es igualmente válido. Si no, el piolet– bota (d. Y cuando la nieve está helada o hay hielo, tornillo–bota o aseguramiento al piolet clavado por el pico utilizando un mosquetón HMS y nudo dinámico como freno. Si lo que tenemos es roca, un buen anillo rodeando un sólido bloque o puro de roca reunirá las necesidades de rapidez y eficacia requeridos en este caso. Ante situaciones aún más rápidas, y si los bordes del bloque no están afilados, la propia cuerda abrazándolo pudiera servirnos. Suelen emplearse en multitud de situaciones, en cualquiera de las cuatro configuraciones contempladas: pendientes, corredores, aristas y glaciares.

C) Intermedios: no necesariamente tan rápidos como los anteriores, equivalen a los mismos seguros que colocaría el primero entre las reuniones de una progresión en cordada. Obviamente, cualquiera de los anclajes empleados en escalada para nieve, hielo y roca son válidos. Están especialmente indicados en el caso de corredores o canales heladas.

Prestaciones semejantes para momentos diferentes

Estos tres tipos de seguros tienen una semejanza importante: no pueden considerarse reuniones. Por esto mismo, también presentan algunas particularidades:

     Los dos primeros, potenciales y rápidos, están recomendados sólo para caídas de bajo factor (segundos, travesías,...) Si la zona que se recorre en ensamble es muy fácil (inclinación muy baja, enganches constantes de cuerda, varios cambios de dirección) lo más recomendable será reducir al mínimo (6-8 m) la cuerda que separa a los escaladores. Cada uno recogerá en gazas sobre su cuerpo la cuerda sobrante... ¡rematándola convenientemente al arnés!. El que va primero llevará siempre la cuerda que sale hacia su compañero cogida con la mano, con una doble finalidad: mantener una semitensión constante sobre él para poder "sentirle" y así anticiparse a su posible caída, y para que en tal caso el primer tirón no lo reciba su cuerpo y lo desequilibre.

     Los intermedios son válidos para caídas de mayor factor (un primero). Se supone que la caída sigue siendo muy poco probable ¡por eso hemos decidido ir en ensamble! Siempre habrá colocados al menos dos seguros entre cada miembro. Aquí sí será mejor alargar la distancia de cuerda entre ellos, para darle al primero más independencia en este tipo de maniobras y porque, en caso de caída, la fuerza de choque que recibirá el seguro previamente colocado será mucho menor. En caso de cordada de tres, el segundo, antes de sacar su cuerda del seguro, deberá pasar primero por el mosquetón el tramo que le une al tercero, para evitar momentos de desprotección absoluta .

Anillos de cuerda, cuándo y cómo

Colocados tres o cuatro en torno a la mano más libre (generalmente la orientada al valle), nos aseguran un margen de maniobra, en caso de caída del compañero, para montar eficazmente el seguro rápido. Al mismo tiempo, mientras se cierran sobre la mano, suponen un interesante punto de absorción de la energía que vamos a recibir y que tenemos que amortiguar para detener la caída. Pero este recurso se contrapone con la idea de la "semitensión" constante: si cae alguien que lleva anillos en la mano, el factor de caída será mucho mayor que si no los hubiera llevado, y la cuerda hubiera estado semitensa. Por tanto, el uso de los anillos como recurso ante una posible caída, sólo es recomendable en el caso de progresiones en travesía o aristas, y para el más experto de la cordada, es decir, aquel cuya caída resulta muy, pero que muy improbable. ¿Que todos los miembros son muy expertos? quizá les interese más ir sin cuerda.

Particularidades en glaciar

Una vez pregunté a un segundo de cuerda, miembro de una cordada de tres que atravesaba un glaciar en la Cordillera Blanca, el motivo por el cual llevaba anillos recogidos en la mano. Me respondió que lo hacía porque sus compañeros también llevaban dichos anillos (¡?). Si cualquiera de sus compañeros hubiera caído en una grieta, el tirón brutal de la cuerda tras la tensión de esos anillos hubiera hecho casi imposible evitar que la grieta se tragara a los tres.

Con independencia del sistema de encordamiento a emplear, que variará si se trata de dos o más personas (consultar manuales especializados), aquí más que nunca se impone la necesidad de anticiparse al suceso: ningún tramo de cuerda que une a dos miembros debe arrastrarse sobre el terreno, sino mantenerlo de tal manera que cuelgue sin apenas tocar el suelo. Si, por ejemplo, el primero cae de forma inesperada en una grieta oculta, bastará por parte del segundo una reacción inmediata de su cuerpo, opuesto en sentido contrario al de la caída y autoasegurado con su piolet, al mismo tiempo que tira de esa cuerda semitensa. Resultado: si esa reacción ha sido lo diligente que cabría esperar, la cuerda puede tirar hacia atrás del primero y dejarle sentado sobre el labio de la grieta, evitándose males mayores. Si existe un tercero en la cordada, y atento a la incidencia, habrá ejecutado casi al mismo tiempo idéntico gesto de protección sobre el segundo. Por este motivo, cuantos más miembros integren una cordada que progresa simultáneamente sobre un glaciar, mayor seguridad, no sólo de cara a la deseada anticipación, sino también para una mayor rapidez de ejecución de un hipotético rescate. No obstante, más de cinco miembros sería excesivo, teniendo en cuenta la necesaria y a veces difícil sincronización del ritmo de marcha que salvaguarde el preceptivo estado de tensión entre los distintos tramos de cuerda. Pero también hay que observar otras precauciones, en contraposición a lo comentado para las otras configuraciones:

     • Alargar la longitud de cuerda usada: si lo ideal en pendientes abiertas o aristas era reducir la longitud de cuerda entre miembros al mínimo razonable, en este caso este mínimo hay que alargarlo, tanto más cuantos menos miembros formen la cordada, o cuanto más riesgo haya de caída en grieta. Como referencia, pensaremos en unos 15 m para una cordada de dos, o en torno a 10 m para una de tres.

     • Liberacion rápida: en previsión de una necesidad de liberación rápida de cuerda, los sistemas de conexión a ésta deben ser mediante gaza de "ocho" y mosquetón de seguridad al arnés.

     • Los nudos: en caso de glaciar muy caótico y gran riesgo de caída en grieta, conviene intercalar un par de voluminosos nudos entre cada tramo de cuerda que une a los distintos miembros. Los nudos se crean con la propia cuerda y, además de hacer las veces de "empotrador" sobre el labio de la grieta traidora, facilitarán en su caso las maniobras de autorrescate de la propia persona que ha caído.

     • Quién va primero: el que marcha primero tiene un riesgo teórico mayor que el resto de compañeros: será mejor que el más experto ocupe el segundo lugar. Si el glaciar se recorre en descenso con cierta pendiente, al margen de niveles de experiencia, el más ligero de los miembros deberá colocarse el primero, dejando el último lugar para el más pesado.

     • Prevenir: por último, y en prevención de maniobras de rescate, cada miembro llevará preparados en su cuerda un par de nudos o aparatos autobloqueantes, además de otros accesorios específicos en el arnés (polea, un tornillo de hielo, cordinos largos, etcétera). Pero esto, el rescate, es ya otra historia.

 Lo peor de todo

Teniendo en cuenta todo lo visto, casi nunca debería concebirse una situación que lleve a una cordada a mantenerse en la situación más desfavorable y potencialmente peligrosa de la progresión simultánea: los 60 m de cuerda desplegados, y sin protección intermedia. Y un último consejo: no déis por supuesto que siempre seréis capaces de detener al/los compañero/s de cordada. En palabras de Andy Elsberg, experto guía de Alaska, es una buena forma de no "bajar la guardia".




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